Hellraiser – Clive Barker


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Hellraiser

«La punzante novela que inspiró la estremecedora película»

Clive Barker nació el 5 de octubre de 1952 cerca de Penny Lane, Liverpool. Allí estudió Literatura Inglesa y Filosofía y después se mudó a Londres, donde formó una compañía de teatro underground. Además de su faceta literaria, por la que ha sido merecedor del título World Horror Grandmaster, Clive Barker ha destacado como ilustrador y como director y guionista de cine, siendo el padre de películas de culto como “Hellraiser” o “Candyman”.

Adepto de la filosofía de Jung y de la literatura de Edgar Allan Poe y Ray Bradbury, sus obras, dotadas de una fuerte combinación de crudo terror, erotismo y evocaciones oníricas, han sido traducidas a más de veinte idiomas y se han ganado el respeto y la admiración tanto de la crítica como del resto de los autores del género.

Sinopsis Editorial:
«Clive Barker ha superado todos los límites de la literatura moderna de terror»

“Hellraiser” es una de sus mejores creaciones, una novela desgarradora sobre el corazón humano y todos los grandes terrores y éxtasis que alberga en su reino infinito. Habla de la codicia y el amor, de la falta de amor y la desesperación, del deseo y la muerte, de la vida y el cautiverio, de campanas y sangre. Es una de las historias más aterradoras que hayas leído jamás.

Desde sus “Libros de Sangre”, “El Juego de las Maldiciones”, “Sortilegio” y “El Gran Espectáculo Secreto”, a las decenas de historias cortas que ha escrito, junto con libros que han ocupado los primeros puestos de las listas de ventas (algunos de ellos convertidos ya en películas), nadie más se ha acercado a la vívida impresión y terrores únicos que él nos proporciona.

Crítica:
«Barker es lo mejor que le ha pasado a la literatura de terror desde hace muchas lunas… nunca deja de ofrecer esa prosa irresistible y ese horror despiadado que esperan sus lectores»
—Chicago Tribune
«Agradará a quien le guste el terror gráfico y sangriento y no quiera renunciar a una buena prosa»
—Publisher’s Weekly
«Barker es el maestro absoluto del terror contemporáneo»
—SFX
«Es imposible que ningún escritor vivo consiga los elementos de espanto y dolor que consigue Barker. Es absolutamente estremecedor»
—Locus
«He visto el futuro del terror y su nombre es Clive Barker»
—Stephen King

Avance Cedido por la Editorial:

«Procedía de ellos: del cuarteto de cenobitas que ahora, con la pared sellada tras ellos, ocupaban la habitación. Una fosforescencia caprichosa, como el fulgor de los peces del abismo: azul, fría, sin atractivo alguno. Se le ocurrió a Frank que ni una vez se había preguntado qué aspecto tendrían. Su imaginación, si bien fértil cuando se trataba de supercherías y robos, estaba agotada en otros aspectos. El talento necesario para imaginarse a estas eminencias era algo que estaba muy por encima de él, así que ni siquiera lo había intentado.
¿Por qué entonces lo angustiaba tanto poner los ojos

en ellos? ¿Eran las cicatrices que cubrían cada centímetro de sus cuerpos, la carne perforada, rebanada e infibulada por procedimientos cosméticos y luego espolvoreada de ceniza? ¿Era el olor a vainilla que traían con ellos, cuya dulzura no conseguía disfrazar el hedor que surgía debajo? O era que a medida que la luz aumentaba y él los examinaba más de cerca, no veía ninguna alegría, ni siquiera humanidad, en sus rostros mutilados: sólo desesperación y un apetito que hacía que sus intestinos ansiaran vaciarse.
—¿Qué ciudad es esta? —inquirió uno de los cuatro.

A Frank le costó adivinar el sexo del hablante con cierta seguridad. Sus ropas, algunas de las cuales estaban cosidas a la piel o bien la atravesaban, ocultaban sus partes pudendas y no había nada en las heces de su voz, ni en los rasgos, desfigurados por voluntad propia, que ofrecieran la menor pista. Al hablar, los ganchos que transfiguraban los pliegues de los ojos y que estaban unidos, por medio de un intricado sistema de cadenas que atravesaban la carne y el hueso por igual, a ganchos similares que perforaban el labio inferior, temblaban con el movimiento y exponían la carne reluciente que había debajo.

—Te he hecho una pregunta —dijo. Frank no respondió. El nombre de esta ciudad era lo último que tenía en mente.
—¿Entiendes? —quiso saber la figura que había al lado del primer orador. Su voz, al contrario que la de su compañero, era ligera y agitada, la voz de una chiquilla emocionada. Se había tatuado cada centímetro de la cabeza con una intrincada celosía y en cada intersección de ejes horizontales y verticales un alfiler enjoyado atravesaba la carne hasta el
hueso. La lengua lucía una decoración parecida—. ¿Acaso sabes siquiera quiénes somos? —preguntó.
—Sí —dijo Frank por fin—. Lo sé.

Por supuesto que lo sabía; Kircher y él habían pasado largas noches hablando de las insinuaciones que habían entresacado de los diarios de Bolingbroke y Gilles de Rais. Todo lo que la humanidad sabía de la Orden de la Hendidura, él lo sabía.
Y sin embargo… él esperaba algo diferente. Esperaba alguna señal de los innumerables esplendores a los que tenían acceso. Había creído que vendrían con mujeres, al menos; mujeres cubiertas de aceites, mujeres de piel cremosa; mujeres rasuradas y con músculos preparados para el acto del amor: los labios perfumados, los muslos temblando, deseando abrirse, las nalgas pesadas, como a él le gustaban. Había esperado suspiros, cuerpos lánguidos tendidos en el suelo a sus pies como una alfombra viva; había esperado putas vírgenes cuyos orificios fueran todos y cada uno suyos con solo pedirlos y cuyas habilidades lo elevarían (arriba, arriba) a éxtasis nunca soñados. El mundo se olvidaría en sus brazos. Se sentiría exaltado por su lascivia, en lugar de despreciarla»

   

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ricky19

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