Lost girl, lost boy – Peter Straub


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“Lost Boy, Lost Girl” es una de esas novelas que despiertan sensaciones encontradas. Me resulta especialmente difícil sumergirme en su análisis precisamente por eso, porque mi percepción de esta obra es turbia, neblinosa, ambivalente.

Por un lado, ejerce una profunda fascinación. Straub renuncia en esta novela a los sustentos comunes de casi cualquier obra de horror: intriga o suspense. Ni el desconocimiento de qué acontecerá ni la tensión por lo que, prevemos, va a suceder cimientan la novela.

Los personajes, y más concretamente, la atmósfera irreal que envuelve a los personajes es el verdadero pilar de la novela. Y para reforzar esta idea, Straub menciona en numerosas ocasiones el rasgueo del tejido cotidiano como metáfora de esa sensación que persigue su texto por encima de la trama de asesinatos relacionados con los dos protagonistas principales, un joven adolescente y su tío.

“Lost Boy, Lost Girl” arranca con un suceso terrible, de los que moldean a cualquier ser humano en un nuevo e imprevisible ente. Nancy, madre de Mark, el adolescente en cuestión, y esposa de Phillip, hermano del otro protagonista en liza, el escritor neoyorquino Timothy Underhill, se ha suicidado. Más aún, su hijo, Mark, fue quien la encontró en el baño, con las venas cortadas longitudinalmente al antebrazo; y lo hizo tras haber percibido los días anteriores que algo iba mal.

Paralelamente a este suceso, una serie de desapariciones de adolescentes han comenzado en la ciudad, desapariciones que recuerdan a otra fatídica cadena de asesinatos con presas muy similares años atrás. Y Nancy, por la sangre que corre en sus venas, estaba relacionado con ellos, por lo que también lo está Mark.

La estructura narrativa es extraña e imbrica dos narradores (en general omniscientes, aunque las páginas del diario de Timothy también se presentan de vez en cuando) en dos marcos temporales distintos y separados por el acontecimiento que lleva a Timothy a visitar a Phillip, con quien pocos lazos lo unen, por segunda vez desde el suicidio de Nancy: Mark se ha escapado.

Si Straub quisiera jugar a la intriga, Mark nunca sería narrador protagonista. El enfoque recaería en Tim y sus pesquisas para encontrar a su sobrino y cazar al peligroso psicópata que está replicando la cadena de asesinatos que asoló su ciudad natal años atrás. Sin embargo, prefiere alternar los narradores a lo largo de toda la novela y no para establecer (a lo George R. R. Martin) una serie de nudos de tensión (los tan efectivos cliffhangers) que nos mantengan pegados a las páginas, sino para reforzar esa sensación que culmina y explica la novela de haber rasgado el velo de lo cotidiano.

De entre los dos narradores, aunque ambos contienen gran interés por el tremendamente profundo dibujo psicológico y existencial de ambos y de los personajes que los rodean, Mark se lleva la palma por culminar su trama con una de las historias de amor más hermosas que he tenido la oportunidad de leer, en este género o cualquiera. Un alma torturada por su padre se enamorará de él y lo invitará a pasarse al otro lado, consumando su unión amándose en la misma cama en la que fue atormentada, dándole un nuevo y hermoso significado al que fue, en vida, su potro de torturas.

El psycho-killer, la casa encantada y las historias de fantasmas son huesos arquetípicos que sustentan el esqueleto de “Lost Boy, Lost Girl”, pero su forma de disponerlos y, sobre todo, de recubrirlos con el músculo, grasa y piel de los detalles la hacen una pieza completamente atípica. Y es en esta rareza donde se encuentra su mayor virtud pero también su mayor defecto, ya que la falta de interés real por el devenir de la trama relativa a los asesinatos y su responsable parecen debilitar el mismo sentido de la obra.

Pero lo cierto es que hay autores que eligen salirse del molde narrativo en el que todo queda bien atado y prefieren dejar crecer su obra con mucha mayor libertad, como un macizo coralino que no entiende de presentación, nudo y desenlace, sino de la eterna expansión en nuevos ramales que, aunque decidamos abandonar, siguen creciendo a nuestras espaldas.

Una obra a recomendar por su cualidad de enredadera, aunque asumiendo la falta de consistencia narrativa y aun de propósito de su argumento.

 

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ricky19

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